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José Julián Sidaoui

Nació en la ciudad de Puebla, en 1953.  Estudió la Licenciatura en la Universidad de las Américas, la maestría en la Universidad de Pennsylvania y el doctorado en economía en la Universidad George Washington.

Al inicio de su trayectoria laboral, trabajó como investigador económico para la Wharton Econometric Forecasting Association y para el Banco Mundial.  Comenzó a laborar en el Banco de México hace casi tres décadas y ocupó diversos puestos en la estructura, hasta ser nombrado Director General de Operaciones de Banca Central.  En este cargo, consolidó las funciones que, hasta hoy, realiza dicha Dirección, al reunir en ella las operaciones nacionales, el manejo de la reserva internacional y los sistemas de pagos.  Entre diciembre de 1994 y diciembre de 1996, se desempeñó como Subsecretario de Hacienda y Crédito Público, puesto en el que, entre otras actividades, le correspondió elaborar los programas inmediatos para la recuperación de la economía mexicana y para el retorno del país a los mercados financieros internacionales e impulsar la reforma al sistema de pensiones. Desde enero de 1997, regresó al Banco de México como Subgobernador y participa en la Junta de Gobierno, donde se toman las decisiones de política monetaria y, en conjunto con otras instancias, de política cambiaria y regulación financiera, orientadas a promover la estabilidad económica.

Ha desempeñado actividades docentes en instituciones como la Universidad de las Américas, la Universidad George Washington, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Anáhuac. También ha dictado conferencias y participado en mesas redondas en prestigiados foros académicos y de discusión, tanto en México como en el extranjero. Además, ha publicado numerosos artículos y documentos de investigación en torno a temas como cambio estructural, deuda pública, finanzas y asuntos de banca central.


Palabras del Dr. José Julián Sidaoui Dib, Subgobernador del Banco de México durante la 64 Ceremonia de Graduación de la Universidad de las Américas Puebla.
 

Señor Secretario de Educación Pública del Estado de Puebla Darío Carmona García,

Señor Rector de la Universidad de las Américas Puebla Luis Ernesto Derbez Bautista,

Señores Vicerrectores,

Señores Decanos,

Señoras y señores,

Amigos recién graduados:

Es un honor participar en esta emotiva ceremonia de graduación, que tan gratos recuerdos me despierta.  Los felicito por haber culminado una etapa fundamental de su formación profesional y estoy seguro que éste será un primer paso de muchas otras realizaciones.

Quienes hoy coronan un esfuerzo de varios años son privilegiados: primero, porque pertenecen a la minoría de jóvenes mexicanos que han tenido  acceso a la educación superior; luego, porque, gracias a su perseverancia y talento, han logrado aprovechar esta oportunidad y terminar exitosamente su carrera y finalmente,  porque egresan de una universidad que les brinda una base sólida de conocimientos y cuyo prestigio les ayudará a que, en principio, las puertas que toquen se abran con mayor facilidad.  Todo lo demás, naturalmente, dependerá de ustedes.

Por su tradición, por la consistencia de sus planes de estudio, por la excelencia de su planta docente e instalaciones, así como por su red de contactos internacionales, la Universidad de las Américas Puebla es una de las mejores opciones educativas en México.  Al seleccionarla, se escoge una universidad que busca una formación integral, un equilibrio entre calidad en la impartición de conocimientos, educación para la vida y compromiso social.

Comparto con ustedes el orgullo de haber estudiado en esta institución.  Cuando decidí cursar la carrera de economía, aspiraba a adquirir una buena formación técnica, pero también una perspectiva amplia de las ciencias sociales y de la problemática de nuestro país.  Al analizar el abanico de opciones, pensé que aquí podrían combinarse estas diversas dimensiones.  

No me equivoqué.  En la UDLAP existía un ambiente de libertad personal y un entorno cultural muy rico, aunado a una formación rigurosa, que fomentaba la sana competencia y exigía acuñar una sólida disciplina de trabajo. Tuve maestros admirables, amigos muy queridos, experiencias decisivas y, al terminar la carrera, sentía una gran confianza en que lo aprendido serviría de base firme para enfrentar los siguientes desafíos.

Ha pasado algo de tiempo desde que acudí a estas aulas. Sin embargo, a lo largo de esos años, la UDLAP ha logrado competir en un ambiente de mucha mayor oferta educativa,  consolidar su excelente reputación académica y expandir sus horizontes.  

Hoy, la universidad responde a una demanda educativa cada vez más amplia y compleja y ofrece más de 50 licenciaturas, decenas de maestrías y varios doctorados, en campos que van desde la economía y los negocios hasta las ciencias exactas y las bellas artes, sin ignorar las disciplinas más innovadoras.  Igualmente, la UDLAP es un polo de desarrollo del conocimiento científico y humanístico, que realiza investigación y genera capital intelectual en muy distintos ámbitos. 

Además, aquí se fomenta la conciencia y el sentido de responsabilidad social, mediante los programas de becas que enriquecen la pluralidad y contribuyen al acceso de estudiantes capaces o mediante acciones de servicio comunitario que tienen una amplia derrama en las poblaciones beneficiadas.

La excelencia de la oferta educativa de la UDLAP se hace evidente en lo que debe  considerarse los indicadores más significativos del éxito de una universidad: la calidad profesional de sus egresados y su aceptación en el mercado de trabajo.  Por ejemplo, en un entorno laboral cada vez más competido, una licenciatura avalada por esta institución sigue siendo, para el empleador, una garantía de formación rigurosa.  Quien contrata a un ex-UDLAP sabe que su nuevo empleado posee, de entrada, los requisitos  de conocimiento, disciplina y actitud que hacen a un profesionista competitivo y potencialmente exitoso.  

Por supuesto, más allá de lo que acredita un título profesional hay que recalcar que la fortuna de las trayectorias individuales dependerá de la capacidad de cada uno para adaptarse a los continuos cambios y retos que plantean la globalización y la sociedad del conocimiento en la que estamos inmersos.

En efecto, actualmente culminar la carrera profesional no implica haber adquirido un acervo definitivo de conocimientos, información y destrezas. Al contrario, la carrera debe dejarnos como principal enseñanza una clara conciencia de la necesidad continua de superación, así como  la constancia y la humildad para seguir aprendiendo a lo largo de nuestra vida.

Se equivoca entonces quien piensa que, a partir de hoy, terminan la disposición a aprender y las duras jornadas de estudio.  Hoy, la naturaleza dinámica del conocimiento, el entorno cambiante de la economía, el surgimiento de nuevas disciplinas, la necesidad de manejar herramientas, lenguajes y destrezas innovadoras hacen que  la actualización sea un requerimiento permanente para cualquier profesionista.

La asombrosa tasa de acumulación y circulación de conocimiento, el nivel de innovación y la incesante evolución económica, propician que, ante un cambio súbito, disciplinas enteras pierdan su antigua relevancia, que ciertas prácticas gerenciales y administrativas resulten de pronto anacrónicas, que teorías acreditadas sean rebasadas y que, a cada momento, surjan nuevos campos de especialización que rápidamente se vuelven puntales del desarrollo.

La capacidad de asimilar las disciplinas de frontera, las tecnologías de vanguardia, las mejores prácticas de organización y administración y los conocimientos de avanzada en cada campo, así como la aptitud para trabajar en redes multidisciplinarias y promover asociaciones estratégicas, son fundamentales para asegurar la competitividad de los individuos y de las naciones.

Por eso, tan importante como lo que hemos aprendido hasta ahora, es la actitud abierta que tengamos hacia el conocimiento. Si bien es deseable poseer un conjunto sólido de conocimientos en el campo de estudio particular, es igualmente relevante haber entrenado la curiosidad  y la capacidad de trabajo en equipo que permitirá a los profesionistas interactuar adecuadamente, actualizar las propias competencias y responder de manera flexible a las circunstancias cambiantes. 

Actualmente, el principal motor del desarrollo de los países no consiste en el tamaño del territorio o la cantidad de recursos naturales, sino en el capital humano derivado de la educación y el conocimiento especializado. Países pequeños, situados en territorios agrestes, carentes de recursos, han logrado elevar sus tasas de crecimiento, mejorar la distribución del ingreso y adquirir una nueva proyección en el mundo, gracias a que han realizado reformas adecuadas en su economía, han invertido eficientemente en educación y han sabido explotar áreas específicas de producción y conocimiento. 

Por ello, un pilar de la competitividad y la prosperidad  de un país es la capacidad de crear una oferta educativa, pública y privada, de calidad, accesible y adecuada a las necesidades de la economía y a las circunstancias de los distintos segmentos sociales. En México, todavía hemos de avanzar en este aspecto, a fin de aprovechar plenamente nuestra situación geográfica y comercial, las oportunidades de los ciclos de  crecimiento económico mundial (como el que acaba de pasar), y el llamado “bono demográfico”, que consiste en la existencia de una gran parte de la población en edad productiva.

Así pues, propiciar la equidad de oportunidades, aumentar las capacidades básicas de la población y romper los círculos de pobreza mediante la educación, no sólo es un imperativo moral, sino también un requisito del que depende nuestra viabilidad como economía y como país.

Amigos y amigas:

La UDLAP es parte de una tradición educativa  en la que se busca hacer converger las legítimas expectativas de desarrollo profesional de los estudiantes con los retos perentorios del país.   Muchos egresados de esta institución han generado proyectos novedosos que combinan rentabilidad con creación de empleos y desarrollo sustentable; otros han realizado carreras ejemplares en el sector público o han seguido formando cuadros en las instituciones educativas. Sería difícil enumerar las historias de éxito de quienes estudiaron en esta gran institución, lo importante es que la mayoría ha logrado encauzar sus capacidades en proyectos que benefician al país.  Esa es la tarea fundamental de una universidad.

Por eso, agradezco la invitación que el señor Rector Derbez me hizo para dirigirles estas palabras en ocasión tan significativa. Dado que la educación es un trabajo de equipo, hoy es un día de fiesta para todos. Felicito a toda la comunidad universitaria, a las autoridades, a los profesores e investigadores, a los trabajadores pero ante todo,  a ustedes que con esfuerzo e inteligencia, con verdadero mérito, culminan un ciclo significativo de su trayectoria. 

Les deseo los mayores logros en sus futuras tareas, ya sea la incorporación al mercado de trabajo, el impulso de planes empresariales propios o la realización de estudios de post-grado.  Estoy convencido de que estarán a la altura de los retos que plantea la situación del país y del entorno global y de que, de todos ustedes emergerán ideas y proyectos susceptibles de enriquecer sus campos específicos de acción, así como de mejorar los más diversos ámbitos de la vida pública.  Todo ello los hará, además de profesionistas exitosos,  artífices de un México más justo, más próspero y más ganador. 

 

Muchas gracias y enhorabuena.


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